Expectativas venenosas
Alysa Liu como mi antídoto
Esta reflexión tuvo origen hace algunas semanas con un “¿qué acaba de pasar?” proyectado en la pared como escena de Scott Pilgrim vs The World. En ella aparecían sentados Scott y una Manic Pixie Dream Girl pelinegra, sin ningún ex al cual vencer.
— ¿Qué quieres? — después de un intercambio vasto en afecto pero escaso en palabras.
— Estoy cansado de las expectativas — La frase de inmediato rebotó en mi cabeza como un pinball. Me salió un suspiro a manera de un “yo también”.
Cuando llegué a casa me dirigí con urgencia a mi pizarrón de tareas y escribí SIN EXPECTATIVAS, como si hubiese elegido un nuevo mantra. Desde ese día, parece que todos me hablan sobre deseos malogrados, fantasías extraviadas y frustración. ¿Es casualidad? Si creer en la casualidad fuera una religión, yo sería atea con algunos milagros inexplicables en mi vida. Me obligo a detenerme. Noto que, si observo un desastre, es porque al fin elegí no ignorarlo.
Las expectativas tienen una función: establecer metas, generar objetivos, medir avances, motivar; nos ayudan a dibujar un mundo a través de posibilidades basadas en lo real, pero cuando la fantasía golpea acompañada con la inflexibilidad, hay daños. Cuando la expectativa nunca fue nuestra sino instruida, cuando es una obligación a la edad, cuando metemos esperanzas en un frasco con la etiqueta “lo espera la sociedad”, la expectativa deja de ser funcional y se convierte en enemigo N°1 del bienestar.
Al pasar semanas me encontré con Alysa Liu. Una chica que, sin expectativas y con la plena intención de disfrutar de algo que ama, logró ganar una medalla de oro en patinaje artístico.
Brotó un recuerdo de mi infancia: unas ganas desesperadas de volverme un hada del hielo, aquellas que patinaban con vestidos preciosos y trazaban curvas con sus patines como parte de un ritual mágico. No recordaba haber visto una que me conmoviera tanto hasta hace unos días cuando invadió mi TikTok. No le vi brotar inquietudes en los ojos que he visto en otras competencias: temor, culpa, frustración, autocrítica, preocupación, rabia, decepción; ella solo lo vivió. Es genuinamente placentero ver a alguien disfrutar y disolverse en pasión, contemplar a la autenticidad desbordarse en una persona me hizo entender que esa clave es más importante que “no esperar nada”: ser flexible.
Me gusta pensar que conmovió al mundo, hace recordar el por qué la gente se convierte en lo que es. Al no tener expectativas venenosas ni ajenas te permites vivir el momento, puede acontecer aquello que deseas o no, y cualquiera que sea el escenario vas a estar bien.
Aspirar a algo no es malo, es ir de la mano de tus sueños con la caricia de la ilusión y la firmeza que da la objetividad al no dejarte y evitar que pierdas el piso. Si estoy cansada es porque le pongo demasiado valor a una idea: expectativas de una competencia, de algún Scott, de cómo debería comportarme… la verdad es que llegué a mi límite.
En cuanto a las expectativas que generan motivación, solo debo tener cuidado en no nadar en aguas profundas donde pueda cortarse el hilo de la realidad.
Hoy reescribí en mi pizarrón:
SIN EXPECTATIVAS
PERMÍTETE SER FLEXIBLE.


